Aurora y la tumba del piloto
El 17 de abril de 1897, un periódico de Dallas publicó una breve nota: un dirigible había pasado sobre el pueblo tejano de Aurora al amanecer, había chocado contra el molino de viento del juez Proctor, había estallado y el cuerpo del piloto, «no habitante de este mundo», había sido hallado entre los restos. El piloto, según la nota, fue enterrado en el cementerio del pueblo. Apareció en pleno apogeo de la oleada nacional de los «dirigibles misteriosos» de 1896-1897, antes de que existiera la aviación. Su autor, S. E. Haydon, era el corresponsal local, y el pueblo se estaba muriendo: el ferrocarril se había ido a otra parte y el picudo del algodonero se había llevado el algodón. Que la nota fuera una estratagema publicitaria para un pueblo moribundo es la lectura más convincente. La tumba ha sido buscada en más de una ocasión. La Comisión Histórica de Texas colocó un marcador en el cementerio que relata la historia; no está permitido cavar.
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Falcon Lake y la quemadura en el pecho
El 19 de mayo de 1967, un geólogo aficionado llamado Stefan Michalak buscaba cuarzo cerca de Falcon Lake, en Manitoba, cuando, según su testimonio, vio dos naves con forma de puro; una de ellas aterrizó a unas pocas decenas de metros. Se acercó, tocó el revestimiento caliente —su guante se derritió— y, cuando el objeto se elevó, gas caliente procedente de una rejilla en su lateral prendió fuego a su camisa. Michalak fue hospitalizado con quemaduras en un patrón de cuadrícula en el pecho. Las quemaduras fueron fotografiadas por los médicos y el patrón coincidía con la rejilla que había descrito. El gobierno canadiense se hizo cargo del caso; en los archivos se conserva un expediente grueso, que incluye un análisis del suelo del lugar que reveló radiactividad elevada. El expediente no contiene ninguna explicación.
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