Dulce y la base subterránea
Un pueblo en terrenos de los apaches jicarillas cerca de la línea de Colorado, conocido en la materia por una sola historia: que un laboratorio subterráneo de siete niveles opera bajo la meseta de Archuleta, donde humanos y extraterrestres realizan experimentos juntos. La historia tiene una sola fuente: un hombre de negocios llamado Paul Bennewitz, quien decidió a principios de la década de 1980 que estaba interceptando transmisiones extraterrestres. Más tarde se supo que los oficiales de la base Kirtland, preocupados de que estuviera captando señales militares reales, habían pasado años alimentándolo con fabricaciones, hasta que fue hospitalizado. La mitad de la mitología moderna de las bases subterráneas desciende de eso. Dulce en sí es un pueblo tranquilo donde nadie ha encontrado jamás nada por el estilo.
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Victoria y el corredor sobre el Paraná
Desde la década de 1990 esta ciudad argentina a orillas del Paraná ha acumulado tantos testimonios de luces sobre las islas del delta que los lugareños llaman corredor a ese tramo. La mayoría de los avistamientos se hacen desde el puente Rosario-Victoria y las carreteras que van por la costa. La ciudad lo afronta con pragmatismo: hay una ruta ufológica municipal y carteles informativos a la entrada. Los escépticos señalan que hay rutas aéreas que cruzan el delta y que las inversiones térmicas sobre las islas húmedas son frecuentes, lo que produce el centelleo y el movimiento aparente de las estrellas cerca del horizonte. Eso explica parte de los testimonios; el goteo de denuncias no se ha reducido con los años.
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