Todos los lugares
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58 lugares
Las luces Min Min
Un pueblo del interior de Queensland que dio nombre a las luces vistas en las carreteras del oeste quemado: esferas luminosas que siguen a un coche o a un jinete y mantienen la distancia durante horas. Los aborígenes las describían antes de la llegada de los europeos. En 2003 el físico Jack Pettigrew demostró experimentalmente que bajo una inversión térmica una fuente de luz situada más allá del horizonte puede aparecer como un objeto cercano: una explicación elegante que no cubre todos los casos.
Lago George
Un lago cerca de Camberra que desaparece por completo cada cierto tiempo y vuelve años después; el mecanismo no está del todo explicado y no es simplemente la sequía. Tiene mala fama: aquí se ahoga gente con regularidad en agua poco profunda, y según los relatos locales los aborígenes tenían el sitio por malo y no acampaban en su orilla. La carretera que lo bordea es conocida por el número de accidentes en un tramo recto y llano.
El Everest
La montaña más alta de la Tierra, con más de doscientos cuerpos abandonados en sus laderas: recuperarlos es casi imposible. Uno sirvió durante décadas de referencia con el nombre de Botas Verdes. Por encima de los ocho mil metros los escaladores describen con regularidad al tercer hombre: la sensación persistente de un acompañante que no está. El efecto se conoce desde la expedición de Shackleton y se atribuye a la hipoxia, lo que no lo hace más llevadero.
El cráter Patomski
Un cono de caliza triturada de cuarenta metros de alto en la taiga remota de la óblast de Irkutsk, hallado por el geólogo Vadim Kolpakov en 1949. Los evenkis lo llamaban el Nido del Águila de Fuego y no se acercaban. Se ha intentado toda explicación: meteorito, gas volcánico, una explosión nuclear subterránea, un yacimiento de uranio. Ninguna está confirmada, y el jefe de la expedición de 2005 murió de un infarto camino de él, lo que no perjudicó a su fama.
El pozo superprofundo de Kola
La perforación más profunda del mundo: 12 262 metros, taladrados entre 1970 y 1992. La ciencia sacó de allí sorpresas: agua a una profundidad donde no debería haberla y fósiles microscópicos en roca de dos mil millones de años. La leyenda urbana añadió las suyas: que un micrófono bajado al pozo grabó gritos y que la perforación se abandonó por un pozo al infierno. Esa grabación no existe y el proyecto terminó al hundirse la financiación, pero la historia vive por su cuenta.
Vottovaara
Un monte de Carelia cuya cima sostiene unos mil quinientos seidas: bloques apoyados sobre piedras más pequeñas como si tuvieran patas. Su origen no está resuelto: unos los leen como objetos de culto sami, otros como obra de un glaciar en retirada. Los árboles de arriba están retorcidos y partidos, lo que se atribuye a un terremoto de hace unos nueve mil años. Se lo tiene por uno de los principales lugares de poder del norte de Rusia.
El Triángulo de Moliobka
Un paraje en el límite del krai de Perm y la óblast de Sverdlovsk que a finales de los ochenta se convirtió en la primera zona anómala soviética de la que escribió la prensa nacional. Desde 1989 llegaron aquí miles de personas que denunciaban esferas luminosas, aparatos que fallaban, pérdida de orientación y «gente luminosa». El lugar se asocia a antiguos sitios de sacrificio mansi. Junto al pueblo hay ahora una estatua de un alienígena, y el flujo de investigadores se secó hace tiempo.
El valle de Hessdalen
Un valle noruego donde desde 1981 se observan objetos luminosos, a veces veinte veces por semana. A diferencia de casi todos estos lugares, tiene una estación de observación automática permanente, construida en 1998 por la Universidad de Østfold, y el fenómeno lleva un cuarto de siglo bajo instrumentos. Hay hipótesis — ionización del polvo, un efecto piezoeléctrico en la roca — y ninguna lo explica entero.
Rendlesham Forest
Un bosque de Suffolk entre dos bases de la fuerza aérea estadounidense donde, a lo largo de tres noches de diciembre de 1980, los militares denunciaron luces y un objeto posado en tierra hasta en tres ocasiones. El subcomandante de la base, Charles Halt, grabó lo que ocurría con un dictáfono en el propio bosque y presentó un memorándum oficial, desclasificado después. El Ministerio de Defensa declaró que no había implicaciones para la defensa y ahí acabó la investigación. Lo llaman el Roswell británico.
Cerro Uritorco
Un cerro de la provincia argentina de Córdoba, principal lugar de peregrinación ovni de América Latina. En enero de 1986 apareció en su ladera un óvalo quemado de unos ciento veinte metros, nunca explicado. La tradición esotérica local sitúa dentro de la montaña una ciudad subterránea oculta, Erks. En Nochevieja lo suben miles de personas a esperar luces.
El Triángulo de Bennington
Entre 1945 y 1950 cinco personas desaparecieron sin dejar rastro en los bosques al pie de la montaña Glastenbury: un guía experimentado, una estudiante universitaria, un veterano de guerra, un niño de ocho años y una mujer que viajaba en autobús. Solo se encontró un cuerpo, siete meses después, en un terreno ya batido. La tradición dice que las tribus locales tenían la montaña por maldita y solo la usaban para enterrar. El propio pueblo de Glastenbury fue disuelto formalmente en 1937 por falta de habitantes.
El Triángulo de Bridgewater
Una franja de unos quinientos kilómetros cuadrados al sur de Boston, centrada en la ciénaga de Hockomock — en wampanoag, «el lugar donde habitan los espíritus». Aquí se acumulan todas las historias a la vez: luces en el cielo, avistamientos de Bigfoot, pájaros gigantes, ganado sacrificado en ritual, desapariciones. El criptozoólogo Loren Coleman las agrupó bajo un solo nombre en los setenta, y desde entonces el triángulo funciona como una única anomalía, aunque a los relatos no los une más que la geografía.
Los vórtices de Sedona
Un pueblo entre las rocas rojas de Arizona al que la gente acude desde los ochenta por sus «vórtices»: puntos donde los visitantes sostienen que aflora la energía de la tierra, sentida como hormigueo, mareo o una lucidez inusual. Los aparatos no encuentran ninguna anomalía magnética ni eléctrica en ninguno de ellos. Sedona vive de eso igualmente: cada año vienen miles a por la sensación, y la mayoría dice haberla tenido.
Las montañas Superstition
La sierra al este de Phoenix, envuelta en la leyenda de la Mina del Holandés Perdido: una veta de oro que el alemán Jacob Waltz habría encontrado en los años setenta del XIX y se llevó a la tumba. Desde entonces han muerto o desaparecido aquí decenas de buscadores, varios hallados decapitados. Los apaches tienen estas montañas por una entrada al inframundo y advertían de no perturbarlas, advertencia que los buscadores de oro han ignorado por tradición.
El zumbido de Taos
Desde principios de los noventa una parte de los vecinos de este pueblo oye un zumbido grave y constante que los demás no perciben en absoluto. En 1993, presionado por las quejas, el Congreso encargó un estudio a Sandia y Los Álamos; los aparatos instalados en casas de quienes lo oían no registraron nada que encajara con las descripciones. Lo describen como un motor diésel lejano, impide dormir y no hay forma de aislarse: los tapones no sirven.
El Redondel del Diablo
Un círculo de unos doce metros en los bosques de Carolina del Norte donde casi nada crece. La tradición local dice que el diablo lo recorre de noche mientras piensa cómo arruinar a la humanidad, y de tanto pasearlo deja el suelo pelado. Se cuenta que los objetos que se dejan dentro amanecen fuera. El análisis del suelo encontró mucha sal, probablemente natural — pero la historia es más fácil de comprobar que de creer, y la gente sigue acampando aquí para intentarlo.
Las luces de Marfa
Al este de este pueblo del oeste de Texas se observan luces desde 1883: esferas del tamaño de un balón que quedan suspendidas sobre el desierto, se dividen, se juntan y se apagan. El vaquero Robert Ellison dejó la primera anotación, tomándolas por hogueras apaches. En 2004 unos físicos universitarios demostraron que buena parte son faros de la carretera 67 refractados por capas de aire caliente. Buena parte, no todas — y eso no explica los avistamientos anteriores al automóvil.
Roswell
El 8 de julio de 1947 la base aérea del ejército en Roswell emitió una nota de prensa diciendo que había recuperado un «disco volante». Horas después retiró el comunicado y llamó globo meteorológico a los restos. Se habría olvidado si a finales de los setenta algunos participantes no hubieran empezado a contarlo de otro modo; en los noventa Roswell ya era sinónimo de encubrimiento. En 1994 las fuerzas aéreas admitieron que el globo no era meteorológico sino parte del Proyecto Mogul, que escuchaba las pruebas nucleares soviéticas: una verdad con cuarenta y siete años de retraso, que a esas alturas no convenció a nadie.
Metro-2
Una línea de metro secreta que oficialmente no existe: la leyenda urbana más resistente de Moscú. Según se cuenta, la «D-6» une el Kremlin con búnkeres, el edificio del ministerio de la Smolénskaya y la dacha cercana de Stalin, y hay una entrada en los sótanos del edificio principal de la Universidad Estatal de Moscú, del que se dice que tiene tantas plantas bajo tierra como por encima. Los diggers llevan décadas publicando mapas que no concuerdan entre sí; el ministerio de Defensa nunca ha confirmado nada, y tampoco lo ha desmentido con claridad. La leyenda se alimenta de ese silencio: cuanto menos se dice, más detallado se vuelve el mapa.
Barranco de Golósov
Un barranco de Kolómenskoye del que Moscú cuenta historias como de un sitio donde el tiempo se afloja. En la versión más conocida, un destacamento de jinetes tártaros se desvaneció en él durante la incursión de Devlet Giray de 1571, y en 1621 aparecieron ante las puertas del zar unos jinetes con armaduras anticuadas. Interrogados, insistieron en que habían bajado al barranco huyendo de una persecución, se habían escondido en una niebla verdosa del fondo y habían salido de ella unos minutos después. Habían pasado cincuenta años. Abajo yacen dos peñascos enormes, el Ganso y la Piedra de la Doncella; todavía va gente a pedirles deseos, y la niebla realmente se demora allí más que en las laderas.
Socotra
Una isla yemení del océano Índico, aislada del continente desde hace millones de años. Un tercio de sus plantas no crece en ningún otro sitio, incluidos los drago de copa en paraguas que le dan ese aire extraterrestre.
Depresión de Danakil
Uno de los lugares más cálidos y más bajos de la Tierra, en el norte de Etiopía: pozas ácidas, salares y campos de azufre en amarillo y verde. El paisaje es tan ajeno a este mundo que aquí se prueban los instrumentos que buscarán vida en Marte.
Lago Natrón
Un lago alcalino de Tanzania con aguas color herrumbre que alcanzan los 60 °C. Su química conserva los cuerpos de las aves muertas bajo una costra calcificada: de ahí esas fotografías de animales «petrificados».
Cataratas de Sangre
Un flujo de un rojo intenso que rezuma del glaciar Taylor, en la Antártida. El color viene del hierro de un lago de salmuera antiquísimo, sellado bajo el hielo durante millones de años junto con microbios que viven sin luz.