Todos los lugares
El catálogo completo de lugares aprobados. Ordénalo por valoración, novedad o debate, y acótalo por categoría.
282 lugares
Coral Castle
Una construcción de Florida que el letón Edward Leedskalnin levantó solo a lo largo de veintiocho años con bloques de caliza de hasta treinta toneladas. Trabajaba únicamente de noche y paraba si alguien se acercaba. Preguntado por el cómo, decía haber descubierto el secreto de los constructores de las pirámides. Murió en 1951 sin dejar planos ni explicación; una respuesta de ingeniería es lo más probable y lo más aburrido, y ya no queda nadie a quien comprobársela.
El Stonehenge de América
Un conjunto de cámaras, muros y losas de piedra en una colina de Nuevo Hampshire cuya función se discute desde hace un siglo. Unos lo leen como un observatorio precolombino alineado con los solsticios, otros como construcciones agrícolas coloniales y una jabonería del XIX. La losa central, con un canal tallado alrededor del borde, se conoce como la mesa de los sacrificios; podría igualmente ser una prensa de lejía. El sitio funciona como atracción y como discusión que no se cierra.
Cahokia
La mayor ciudad precolombina al norte de México: en su apogeo, hacia 1100, pudo albergar a unas veinte mil personas, más que Londres entonces. El Monks Mound tiene una base mayor que la Gran Pirámide. En el montículo 72 apareció un enterramiento con más de cincuenta mujeres jóvenes dispuestas en hileras, casi con seguridad sacrificadas. Hacia 1350 la ciudad estaba vacía, sin motivo claro, y nunca se ha explicado.
Alcatraz
La prisión insular de la bahía de San Francisco, en servicio de 1934 a 1963 para hombres que otras cárceles no podían retener. El bloque D tiene fama propia: las celdas de aislamiento llamadas el agujero, donde se tenía a los presos a oscuras por completo; de allí, y de la celda 14D, vienen la mayoría de los relatos de gritos de los guardias — de esa celda se dice que un hombre murió en una noche tras gritar que había algo con él dentro. Las tribus de la bahía tenían la isla por lugar de malos espíritus mucho antes de la cárcel.
El Queen Mary
Un transatlántico amarrado en Long Beach desde 1967. Durante sus treinta y un años de servicio murieron a bordo unas cuarenta y nueve personas, entre ellas un tripulante de dieciocho años aplastado por la puerta estanca número 13. En la guerra transportó tropas y una vez, en una maniobra, partió en dos a su crucero de escolta y se ahogaron más de trescientos hombres; detenerse a rescatarlos estaba prohibido por los submarinos. El camarote B340 se alquila aparte y tiene fama propia.
El hotel Crescent
Un hotel de Arkansas que en 1937 compró Norman Baker, un hombre sin formación médica que anunció tener una cura para el cáncer y convirtió el edificio en un «hospital». Aquí venía la gente a morir, pagando bastante; Baker acabó en prisión por fraude postal. En 2019 unas excavaciones en el recinto sacaron a la luz tarros enterrados con restos humanos. El hotel sigue abierto y vende visitas de fantasmas.
La cueva de la Bruja Bell
De 1817 a 1821 la familia de John Bell, en Tennessee, fue atormentada por algo, según numerosos testimonios de la época: pellizcos y bofetadas, mantas arrancadas de la cama y, con el tiempo, una voz que discutía, citaba sermones y acabó prometiendo matar al cabeza de familia. Bell murió en 1820 y junto a él se encontró un frasco con un líquido sin identificar. La tradición local lo tiene por el único caso de la historia estadounidense de una muerte documentada a manos de un espíritu.
Amityville
En noviembre de 1974 Ronald DeFeo Jr. mató a tiros a seis miembros de su familia en la casa de Ocean Avenue. Trece meses después se mudó allí la familia Lutz, que se fue a los veintiocho días describiendo un limo verde que salía de las paredes, un enjambre de moscas en pleno invierno y una voz que les decía que se largaran. Un libro y las películas convirtieron la dirección en proverbio; los inquilinos posteriores no notaron nada, y uno de los abogados de DeFeo acabó diciendo que la historia se había inventado con una botella de vino delante.
La casa de Lizzie Borden
La casa de Fall River, Massachusetts, donde Andrew y Abby Borden murieron a hachazos el 4 de agosto de 1892. Su hija Lizzie fue juzgada y absuelta, aunque la opinión pública nunca la absolvió, y la copla de los cuarenta hachazos sobrevivió a todos los implicados. Hoy la casa es museo y casa de huéspedes, y se puede reservar la habitación donde apareció el cuerpo de la madrastra.
La casa de los crímenes del hacha de Villisca
La noche del 10 de junio de 1912 murieron a hachazos ocho personas en esta casa de Iowa: Josiah y Sarah Moore, sus cuatro hijos y dos niñas que estaban de visita. Nunca se encontró al asesino y el caso sigue abierto. La casa se ha restaurado a su estado de 1912 — sin electricidad ni agua corriente — y puede reservarse para pasar la noche. Quienes se quedan cuentan sobre todo voces de niños y objetos que caen.
La penitenciaría de Moundsville
Una cárcel neogótica en funcionamiento de 1876 a 1995, en su día incluida entre las diez prisiones más violentas de Estados Unidos. Aquí se ejecutó a noventa y cuatro hombres y otros treinta y seis murieron en la violencia interna, incluido un motín en 1986. El sótano llamado Sugar Shack y las celdas de aislamiento a oscuras tienen fama propia. El edificio está enfrente de un túmulo funerario adena, lo que añadió otra capa a la historia.
El manicomio Trans-Allegheny
Uno de los mayores edificios de piedra tallada a mano de Norteamérica, levantado en Virginia Occidental para doscientos cincuenta pacientes. En los años cincuenta alojaba a unos dos mil quinientos, en salas sin calefacción y bajo un programa de lobotomías aplicado aquí con una amplitud inusual. El hospital cerró en 1994. Ahora se hacen visitas nocturnas, y la mayoría de los relatos se refieren a la cuarta planta, donde se guardaba a los casos más graves.
El sanatorio de Waverly Hills
Un hospital para tuberculosos en Kentucky, en funcionamiento de 1910 a 1961. A los muertos se los sacaba por un túnel subterráneo de unos quinientos metros para que los enfermos vivos no los vieran: se lo conoció como el tobogán de cadáveres. Las cifras de fallecidos varían muchísimo, de alrededor de mil quinientos en los registros a sesenta y tres mil en la leyenda. El edificio está vacío desde 1982 y es de los lugares embrujados más conocidos de Estados Unidos.
El faro de San Agustín
Un faro de Florida donde, durante las obras de 1873, murieron las dos hijas del contratista y otra niña: la vagoneta en la que bajaban por los raíles hasta el agua se precipitó a la bahía. Desde entonces fareros y visitantes cuentan que se oyen risas de niñas en la torre y se ve a una niña con vestido azul. El sitio es lo bastante conocido para que vengan equipos de televisión con regularidad, y el propio personal lleva un registro de incidentes.
Salem
En 1692 se ahorcó aquí a diecinueve personas por brujería, se aplastó a una bajo piedras y varias más murieron en la cárcel. Empezó con los ataques de dos niñas y con pruebas que el tribunal aceptó sin verificar, entre ellas el testimonio «espectral»: la afirmación de que el espíritu del acusado se había aparecido a un testigo. Salem vive hoy abiertamente de esa historia: museos, un memorial en el lugar de las ejecuciones y una fama que llena el pueblo cada octubre.
El campo de batalla de Gettysburg
En tres días de julio de 1863 unos cincuenta mil hombres murieron, quedaron heridos o desaparecieron aquí: la batalla más sangrienta de la historia de Estados Unidos. Los enterramientos fueron apresurados y a muchos muertos no se los llegó a identificar. Desde entonces se llama a Gettysburg el terreno más embrujado del país; los relatos se concentran en Devil's Den y la granja Rose, donde dicen oír órdenes gritadas de noche y ver figuras de uniforme caminando por donde estuvieron las líneas.
El lago Pontchartrain, a las puertas del vudú
El enorme estuario salobre junto a Nueva Orleans, en cuyas orillas se celebraron ritos de vudú durante todo el siglo XIX, sobre todo las reuniones de la víspera de San Juan que dirigía Marie Laveau en el Bayou St. John. Todavía aparecen de noche restos de ofrendas: velas, monedas, huesos. Un puente de casi cuarenta kilómetros cruza el lago, y desde su mitad no se ve ninguna orilla: una sensación que los de allí consideran razón suficiente para no cruzarlo con niebla.
El Triángulo de Bennington
Entre 1945 y 1950 cinco personas desaparecieron sin dejar rastro en los bosques al pie de la montaña Glastenbury: un guía experimentado, una estudiante universitaria, un veterano de guerra, un niño de ocho años y una mujer que viajaba en autobús. Solo se encontró un cuerpo, siete meses después, en un terreno ya batido. La tradición dice que las tribus locales tenían la montaña por maldita y solo la usaban para enterrar. El propio pueblo de Glastenbury fue disuelto formalmente en 1937 por falta de habitantes.
El Triángulo de Bridgewater
Una franja de unos quinientos kilómetros cuadrados al sur de Boston, centrada en la ciénaga de Hockomock — en wampanoag, «el lugar donde habitan los espíritus». Aquí se acumulan todas las historias a la vez: luces en el cielo, avistamientos de Bigfoot, pájaros gigantes, ganado sacrificado en ritual, desapariciones. El criptozoólogo Loren Coleman las agrupó bajo un solo nombre en los setenta, y desde entonces el triángulo funciona como una única anomalía, aunque a los relatos no los une más que la geografía.
Los vórtices de Sedona
Un pueblo entre las rocas rojas de Arizona al que la gente acude desde los ochenta por sus «vórtices»: puntos donde los visitantes sostienen que aflora la energía de la tierra, sentida como hormigueo, mareo o una lucidez inusual. Los aparatos no encuentran ninguna anomalía magnética ni eléctrica en ninguno de ellos. Sedona vive de eso igualmente: cada año vienen miles a por la sensación, y la mayoría dice haberla tenido.
Las montañas Superstition
La sierra al este de Phoenix, envuelta en la leyenda de la Mina del Holandés Perdido: una veta de oro que el alemán Jacob Waltz habría encontrado en los años setenta del XIX y se llevó a la tumba. Desde entonces han muerto o desaparecido aquí decenas de buscadores, varios hallados decapitados. Los apaches tienen estas montañas por una entrada al inframundo y advertían de no perturbarlas, advertencia que los buscadores de oro han ignorado por tradición.
El zumbido de Taos
Desde principios de los noventa una parte de los vecinos de este pueblo oye un zumbido grave y constante que los demás no perciben en absoluto. En 1993, presionado por las quejas, el Congreso encargó un estudio a Sandia y Los Álamos; los aparatos instalados en casas de quienes lo oían no registraron nada que encajara con las descripciones. Lo describen como un motor diésel lejano, impide dormir y no hay forma de aislarse: los tapones no sirven.
El Redondel del Diablo
Un círculo de unos doce metros en los bosques de Carolina del Norte donde casi nada crece. La tradición local dice que el diablo lo recorre de noche mientras piensa cómo arruinar a la humanidad, y de tanto pasearlo deja el suelo pelado. Se cuenta que los objetos que se dejan dentro amanecen fuera. El análisis del suelo encontró mucha sal, probablemente natural — pero la historia es más fácil de comprobar que de creer, y la gente sigue acampando aquí para intentarlo.
Las luces de Marfa
Al este de este pueblo del oeste de Texas se observan luces desde 1883: esferas del tamaño de un balón que quedan suspendidas sobre el desierto, se dividen, se juntan y se apagan. El vaquero Robert Ellison dejó la primera anotación, tomándolas por hogueras apaches. En 2004 unos físicos universitarios demostraron que buena parte son faros de la carretera 67 refractados por capas de aire caliente. Buena parte, no todas — y eso no explica los avistamientos anteriores al automóvil.