Lugares místicos en Estados Unidos
75 leyendas · 49 ciudades
Ciudades
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Por tipo de lugar
Todos los lugares
The Rake
Una criatura sin pelo, a cuatro extremidades, sentada junto a la cama de alguien que duerme. Apareció hacia 2005 como proyecto colaborativo de foro: varios usuarios se pusieron de acuerdo para inventar un monstruo y dotarlo de «pruebas históricas» — extractos de un diario de a bordo de 1691, crónicas españolas, dietarios. Todos los documentos son ficticios y se escribieron la misma noche. El caso interesa como ejemplo documentado y poco frecuente de folclore fabricado a propósito y de la nada.
Smile Dog
Uno de los primeros relatos de terror de internet construidos alrededor de un archivo y no de un texto. Apareció hacia 2008: un periodista visita a una mujer para preguntarle por una imagen llamada smile.jpg que vuelve loco a todo el que la ve; la mujer se niega a hablar y acaba enviándole el archivo. El truco es que el archivo no existe: todos los «originales» que circulan por la red aparecieron después del relato. El lector tiene que imaginar la imagen, y la imaginación hace el trabajo mejor que cualquier dibujo.
La caja de dibuk
Un mueble botellero puesto a la venta en eBay en 2003 con una descripción larga: supuestamente había pertenecido a una superviviente del Holocausto y contenía un espíritu posesor del folclore judío. El lote se revendió varias veces, cada dueño añadía nuevas desgracias al anuncio, la subasta se propagó por internet y acabó en una película de Hollywood. En 2021 el vendedor original, el escritor Kevin Mannis, reconoció públicamente que todo era una ficción escrita por él: un proyecto literario convertido por accidente en leyenda moderna.
Annabelle en el museo de los Warren
La Annabelle real no es la muñeca de porcelana de las películas, sino una Raggedy Ann corriente de las que se vendían por millones en los años sesenta. Su historia se conoce únicamente por los relatos de Ed y Lorraine Warren, que se quedaron con la muñeca en 1970 y la pusieron en una vitrina de su museo ocultista de Monroe, Connecticut. No hay confirmación independiente de ningún episodio. El museo está cerrado al público desde 2019, pero la muñeca sigue siendo uno de los objetos más reconocibles del ocultismo popular estadounidense.
Robert el muñeco
Un muñeco de tela con traje de marinero que está tras un cristal en el fuerte East Martello de Key West. Se lo regalaron al pintor Robert Eugene Otto a principios del siglo XX, y según cuenta la familia él hablaba con el muñeco y le achacaba las cosas rotas y volcadas en la casa. Hoy el museo pide a los visitantes que soliciten permiso al muñeco antes de fotografiarlo, y las paredes alrededor de la vitrina están cubiertas de cartas de gente que no lo pidió y relaciona con eso sus desgracias posteriores. El muñeco existe, el museo existe y hay que pagar entrada.
El Hombre Carbonizado de Ojai
Un coco californiano: un hombre quemado que vive junto al puente de Creek Road, en el valle de Ojai, y que en una versión sobrevivió al incendio de 1948 y en otra perdió allí a su familia. Si te paras en el puente y lo llamas, dice la historia, responde. Los incendios de ese valle no son inventados ni históricos: arde con regularidad, y la leyenda hace lo que suele hacer el folclore local — convertir un peligro real y recurrente en una figura con nombre.
El Hombre Verde de Pensilvania
La leyenda de un hombre verde y luminoso sin cara al que puedes encontrarte de noche junto a un túnel abandonado a las afueras de Pittsburgh. Detrás hay una persona real: Raymond Robinson, que a los nueve años sufrió quemaduras catastróficas por una línea eléctrica en un puente de tranvía y perdió la cara y un brazo. Vivió hasta 1985 y paseaba de noche para no asustar a nadie, mientras los adolescentes salían en coche expresamente a buscarlo. Conviene tener presente el orden de los hechos: primero hubo un hombre con mala suerte, y solo después la historia de fantasmas.
Cropsey
Un coco infantil con un garfio, contado en Staten Island durante generaciones, hasta que en los años ochenta empezaron a desaparecer niños del barrio y salió a la luz que junto a la abandonada escuela de Willowbrook vivía un antiguo celador de allí. Willowbrook fue una institución real, cerrada después de que una investigación de 1972 destapara unas condiciones espantosas. Un caso raro y desagradable en que un coco local y una historia local documentada se encuentran en el mismo punto del mapa.
El Hombre Cabra de Maryland
Mitad cabra, mitad hombre, con un hacha; se cuenta en el condado de Prince George's, a las afueras de Washington. La leyenda tomó forma en 1971, cuando un periódico local publicó una nota sobre un perro desaparecido y los rumores de una criatura cerca de Fletchertown Road; el artículo se replicó, y en un par de años la historia había incorporado un experimento fugado del centro de investigación agrícola de al lado. El centro es real y sigue funcionando, lo que ha ayudado bastante a la leyenda: tiene un edificio al que señalar.
Las Cabezas de Melón
Criaturas de cabeza desproporcionadamente grande que viven en el bosque: una leyenda contada a la vez en tres estados de Estados Unidos — Ohio, Michigan y Connecticut —, cada uno con su propia historia previa. La versión de Ohio es la más extendida: supuestamente niños de una institución cerrada para hidrocefalia que escaparon tras un incendio. Ni esa institución ni ese incendio aparecen en los registros. Lo interesante es lo demás: tres regiones sin relación inventaron casi la misma imagen, y en las tres explica lo mismo — que hay alguien en el bosque que en su día fue escondido allí.
El gaseador loco de Mattoon
En septiembre de 1944 los vecinos de Mattoon, Illinois, empezaron a denunciar a la policía lo mismo: un olor dulzón en la casa, náuseas, entumecimiento de las piernas, una debilidad paralizante. En quince días se registraron unos veinte casos. La policía, el FBI y los químicos no hallaron ninguna sustancia, ni rastros, ni hombre alguno. La explicación estándar es un episodio de enfermedad psicógena colectiva en tiempo de guerra, amplificado por el periódico local; la alternativa apunta a las emisiones de una fábrica cercana. Ninguna está probada, y el caso es un clásico de manual en psicología social.
Los niños de ojos negros
En 1996 el periodista texano Brian Bethel publicó en una lista de correo de internet el relato de dos adolescentes que llamaron a la ventanilla de su coche en un aparcamiento de Abilene. Pidieron que los llevara, hablaban con demasiada fluidez e insistían en que no subirían sin que se los invitara. Cuando levantó la vista, ambos tenían los ojos completamente negros. Ese único texto creó un género: desde entonces se denuncian niños de ojos negros en todo el mundo anglófono, y casi todas las versiones conservan el detalle de la invitación, tomado tal cual del folclore vampírico.
Las luces de Brown Mountain
Resplandores vistos desde el siglo XIX sobre una loma baja de Carolina del Norte: aparecen sobre la cresta, ascienden, se apagan y vuelven a aparecer. El Servicio Geológico de Estados Unidos las estudió dos veces, en 1913 y 1922, y ambas concluyó que eran reflejos de luces de trenes y de poblados. La dificultad es que los relatos más antiguos son anteriores a que hubiera allí ferrocarril o poblado. La loma es accesible, hay miradores señalizados y las luces se siguen filmando.
La luz fantasma de Hornet
Una bola de luz del tamaño de un balón de baloncesto, vista desde hace más de un siglo sobre un tramo recto de camino de tierra en la frontera de Misuri y Oklahoma. Se acerca, retrocede, cambia de color y dicen que reacciona a la gente. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense la investigó en los años cuarenta sin llegar a conclusión. La explicación más convincente es la refracción atmosférica de los faros de la Ruta 66, a unos kilómetros — pero la memoria local de la luz es anterior a que hubiera coches en el condado.
Los goblins de Kelly-Hopkinsville
La noche del 21 de agosto de 1955 la familia Sutton, de una granja a las afueras de Kelly, Kentucky, entró corriendo en la comisaría de Hopkinsville y dijo que llevaba horas disparando a unas criaturas bajitas de orejas grandes y ojos brillantes que se asomaban a las ventanas y no caían al ser alcanzadas. La policía salió a la granja, encontró ventanas y mosquiteras acribilladas y ni rastro de las criaturas. Hubo once testigos, incluidos niños, no había alcohol en la casa y la familia no ganaba nada: rechazó dinero por entrevistas. El caso sigue siendo uno de los más discutidos de la ufología estadounidense.
Mercy Brown, la vampira de Exeter
En 1892 la familia Brown, de Exeter, Rhode Island, iba perdiendo un miembro tras otro por la tuberculosis. Los vecinos convencieron al padre de que uno de los muertos se alimentaba de los vivos, y en marzo se exhumaron los cuerpos. Dos se habían descompuesto; Mercy, de diecinueve años, que había pasado el invierno en una cripta fría, no. Le quemaron el corazón, mezclaron las cenizas con agua y se las dieron a beber a su hermano moribundo. Murió dos meses después. El caso es el último y mejor documentado episodio del pánico vampírico de Nueva Inglaterra: un intento de explicar una epidemia para la que no había otro lenguaje.
Mary la de Resurrection
La autoestopista que desaparece más conocida de Estados Unidos. Desde los años treinta los conductores de Archer Avenue, a las afueras de Chicago, cuentan lo mismo: una chica rubia con vestido de baile blanco pide que la lleven, no dice nada en todo el trayecto y desaparece del coche frente a las verjas del cementerio de Resurrection. Se ha intentado atar la historia a varias chicas reales muertas jóvenes, y ninguna versión encaja con los detalles. El motivo del pasajero que se esfuma es más viejo que el automóvil — se conoce de los relatos de carruajes —, pero la versión de Chicago está fijada a una carretera y a una verja.
El puente del Hombre Conejo
Un paso inferior de vía única en el condado de Fairfax, Virginia, conocido allí como Bunny Man Bridge. La leyenda sitúa aquí a un hombre con disfraz de conejo y un hacha. Hay una base real y es modesta: en octubre de 1970 la policía del condado registró dos avisos sobre un hombre con traje blanco y orejas de conejo que blandió un hacha contra unas personas junto a sus coches y rompió una ventana en una casa en obras. Nunca lo encontraron. En medio siglo, dos atestados policiales han crecido hasta niños ahorcados, un fugado de un manicomio y una visita obligada al puente la noche de Halloween.
Ted el espeleólogo
Uno de los primeros ejemplos del género y posiblemente el primero que funcionó de verdad. En 2001 apareció un diario en el alojamiento gratuito Angelfire: un hombre y un amigo despejando una gatera lateral en una cueva. Las entradas son sobrias, con fotografías y medidas, página tras página; el tono cambia despacio a lo largo de varias semanas, y el desastre llega mucho después de que el lector haya dejado de esperarlo. Funciona porque hasta el final no parece un relato, parece la web abandonada de alguien.
Candle Cove
El relato de Kris Straub de 2009, escrito entero como un hilo de foro: varias personas recuerdan un programa infantil de marionetas que una emisora local emitía a finales de los sesenta. Los recuerdos coinciden en los detalles, luego empeoran, y en el último mensaje la madre de uno de los participantes dice que no hubo tal programa: a esas horas la televisión daba nieve, y el niño se sentaba a mirarla. La forma pesa más que la trama: el texto no finge ser un relato, finge ser la conversación de otros.
Slender Man
Inventado en junio de 2009 por Eric Knudsen, que firmaba como Victor Surge, para un concurso de fotomontaje en los foros de Something Awful: dos fotografías en blanco y negro de niños a las que añadió una figura alta y delgada con traje, y un par de líneas de pie atribuidas a testigos que no existían. El encargo era conseguir que una imagen pareciera paranormal. Tres años después Slender Man vivía por su cuenta: cientos de relatos, juegos y series web con las que el autor no tuvo nada que ver. Uno de los primeros casos de folclore de internet que desborda cualquier fuente de la que salió. La leyenda no tiene geografía propia: la chincheta está en Pleasant Hill, Misuri, desde donde se administraba el propio foro.
Polybius: la máquina recreativa que nunca existió
La historia dice que en 1981 apareció en los salones recreativos de Portland, Oregón, una máquina llamada Polybius: sin nombre de fabricante, sin la cola habitual, solo niños que después sufrían insomnio, convulsiones y lagunas de memoria, y hombres de negro que venían a tomar lecturas del aparato. No existe ni una fotografía, ni una placa, ni un documento. El rastro escrito más antiguo no es de 1981 sino de 2000: una publicación en un sitio de coleccionistas de recreativas escrita casi veinte años después de los «hechos».
Los Backrooms: dónde se hizo realmente la fotografía
El no-lugar más famoso de internet resultó ser la segunda planta de una tienda de muebles en Oshkosh, Wisconsin. La fotografía de un pasillo amarillo bajo fluorescentes zumbantes se publicó en 4chan el 12 de mayo de 2019 en respuesta a una petición de imágenes que resultaran «algo raras», y el pie que la acompañaba se convirtió en miles de relatos, juegos y vídeos sobre habitaciones vacías infinitas en las que caes al doblar mal una esquina. En 2024 unos investigadores de internet rastrearon la imagen hasta su origen: una fotografía de 2003 de unas obras en la planta alta de la antigua mueblería Rohner's, hecha para la web de una tienda de aficiones local. El edificio sigue en pie en el 807 de Oregon Street, y hoy hay dentro una tienda de maquetas.
El Yunque
La única selva tropical del sistema de bosques nacionales de Estados Unidos, sobre las montañas del este de Puerto Rico. Los relatos locales hacen bajar de aquí al chupacabras hasta las fincas y sitúan en algún punto del bosque un laboratorio secreto del que se escapó. La selva no necesita leyenda para impresionar: tres metros de lluvia al año, nube permanente y el canto de los coquíes, que se oye en todas partes y casi nunca se ve.
Moca, donde empezó el chupacabras
En marzo de 1995 los ganaderos de este pueblo puertorriqueño empezaron a encontrar ovejas y cabras muertas, sin sangre, con dos punciones limpias en el cuello. En unos meses la cuenta llegaba a centenares en toda la isla. Los testigos describían una criatura de la altura de un hombre, que se movía a saltos, con púas en el lomo y unos ojos negros enormes. Un periodista puertorriqueño le puso el nombre — chupacabras —, y en treinta años se ha extendido de México a Chile.
Coral Castle
Una construcción de Florida que el letón Edward Leedskalnin levantó solo a lo largo de veintiocho años con bloques de caliza de hasta treinta toneladas. Trabajaba únicamente de noche y paraba si alguien se acercaba. Preguntado por el cómo, decía haber descubierto el secreto de los constructores de las pirámides. Murió en 1951 sin dejar planos ni explicación; una respuesta de ingeniería es lo más probable y lo más aburrido, y ya no queda nadie a quien comprobársela.
El Stonehenge de América
Un conjunto de cámaras, muros y losas de piedra en una colina de Nuevo Hampshire cuya función se discute desde hace un siglo. Unos lo leen como un observatorio precolombino alineado con los solsticios, otros como construcciones agrícolas coloniales y una jabonería del XIX. La losa central, con un canal tallado alrededor del borde, se conoce como la mesa de los sacrificios; podría igualmente ser una prensa de lejía. El sitio funciona como atracción y como discusión que no se cierra.
Cahokia
La mayor ciudad precolombina al norte de México: en su apogeo, hacia 1100, pudo albergar a unas veinte mil personas, más que Londres entonces. El Monks Mound tiene una base mayor que la Gran Pirámide. En el montículo 72 apareció un enterramiento con más de cincuenta mujeres jóvenes dispuestas en hileras, casi con seguridad sacrificadas. Hacia 1350 la ciudad estaba vacía, sin motivo claro, y nunca se ha explicado.
Alcatraz
La prisión insular de la bahía de San Francisco, en servicio de 1934 a 1963 para hombres que otras cárceles no podían retener. El bloque D tiene fama propia: las celdas de aislamiento llamadas el agujero, donde se tenía a los presos a oscuras por completo; de allí, y de la celda 14D, vienen la mayoría de los relatos de gritos de los guardias — de esa celda se dice que un hombre murió en una noche tras gritar que había algo con él dentro. Las tribus de la bahía tenían la isla por lugar de malos espíritus mucho antes de la cárcel.
El Queen Mary
Un transatlántico amarrado en Long Beach desde 1967. Durante sus treinta y un años de servicio murieron a bordo unas cuarenta y nueve personas, entre ellas un tripulante de dieciocho años aplastado por la puerta estanca número 13. En la guerra transportó tropas y una vez, en una maniobra, partió en dos a su crucero de escolta y se ahogaron más de trescientos hombres; detenerse a rescatarlos estaba prohibido por los submarinos. El camarote B340 se alquila aparte y tiene fama propia.
El hotel Crescent
Un hotel de Arkansas que en 1937 compró Norman Baker, un hombre sin formación médica que anunció tener una cura para el cáncer y convirtió el edificio en un «hospital». Aquí venía la gente a morir, pagando bastante; Baker acabó en prisión por fraude postal. En 2019 unas excavaciones en el recinto sacaron a la luz tarros enterrados con restos humanos. El hotel sigue abierto y vende visitas de fantasmas.
La cueva de la Bruja Bell
De 1817 a 1821 la familia de John Bell, en Tennessee, fue atormentada por algo, según numerosos testimonios de la época: pellizcos y bofetadas, mantas arrancadas de la cama y, con el tiempo, una voz que discutía, citaba sermones y acabó prometiendo matar al cabeza de familia. Bell murió en 1820 y junto a él se encontró un frasco con un líquido sin identificar. La tradición local lo tiene por el único caso de la historia estadounidense de una muerte documentada a manos de un espíritu.
Amityville
En noviembre de 1974 Ronald DeFeo Jr. mató a tiros a seis miembros de su familia en la casa de Ocean Avenue. Trece meses después se mudó allí la familia Lutz, que se fue a los veintiocho días describiendo un limo verde que salía de las paredes, un enjambre de moscas en pleno invierno y una voz que les decía que se largaran. Un libro y las películas convirtieron la dirección en proverbio; los inquilinos posteriores no notaron nada, y uno de los abogados de DeFeo acabó diciendo que la historia se había inventado con una botella de vino delante.
La casa de Lizzie Borden
La casa de Fall River, Massachusetts, donde Andrew y Abby Borden murieron a hachazos el 4 de agosto de 1892. Su hija Lizzie fue juzgada y absuelta, aunque la opinión pública nunca la absolvió, y la copla de los cuarenta hachazos sobrevivió a todos los implicados. Hoy la casa es museo y casa de huéspedes, y se puede reservar la habitación donde apareció el cuerpo de la madrastra.
La casa de los crímenes del hacha de Villisca
La noche del 10 de junio de 1912 murieron a hachazos ocho personas en esta casa de Iowa: Josiah y Sarah Moore, sus cuatro hijos y dos niñas que estaban de visita. Nunca se encontró al asesino y el caso sigue abierto. La casa se ha restaurado a su estado de 1912 — sin electricidad ni agua corriente — y puede reservarse para pasar la noche. Quienes se quedan cuentan sobre todo voces de niños y objetos que caen.
La penitenciaría de Moundsville
Una cárcel neogótica en funcionamiento de 1876 a 1995, en su día incluida entre las diez prisiones más violentas de Estados Unidos. Aquí se ejecutó a noventa y cuatro hombres y otros treinta y seis murieron en la violencia interna, incluido un motín en 1986. El sótano llamado Sugar Shack y las celdas de aislamiento a oscuras tienen fama propia. El edificio está enfrente de un túmulo funerario adena, lo que añadió otra capa a la historia.
El manicomio Trans-Allegheny
Uno de los mayores edificios de piedra tallada a mano de Norteamérica, levantado en Virginia Occidental para doscientos cincuenta pacientes. En los años cincuenta alojaba a unos dos mil quinientos, en salas sin calefacción y bajo un programa de lobotomías aplicado aquí con una amplitud inusual. El hospital cerró en 1994. Ahora se hacen visitas nocturnas, y la mayoría de los relatos se refieren a la cuarta planta, donde se guardaba a los casos más graves.
El sanatorio de Waverly Hills
Un hospital para tuberculosos en Kentucky, en funcionamiento de 1910 a 1961. A los muertos se los sacaba por un túnel subterráneo de unos quinientos metros para que los enfermos vivos no los vieran: se lo conoció como el tobogán de cadáveres. Las cifras de fallecidos varían muchísimo, de alrededor de mil quinientos en los registros a sesenta y tres mil en la leyenda. El edificio está vacío desde 1982 y es de los lugares embrujados más conocidos de Estados Unidos.
El faro de San Agustín
Un faro de Florida donde, durante las obras de 1873, murieron las dos hijas del contratista y otra niña: la vagoneta en la que bajaban por los raíles hasta el agua se precipitó a la bahía. Desde entonces fareros y visitantes cuentan que se oyen risas de niñas en la torre y se ve a una niña con vestido azul. El sitio es lo bastante conocido para que vengan equipos de televisión con regularidad, y el propio personal lleva un registro de incidentes.
Salem
En 1692 se ahorcó aquí a diecinueve personas por brujería, se aplastó a una bajo piedras y varias más murieron en la cárcel. Empezó con los ataques de dos niñas y con pruebas que el tribunal aceptó sin verificar, entre ellas el testimonio «espectral»: la afirmación de que el espíritu del acusado se había aparecido a un testigo. Salem vive hoy abiertamente de esa historia: museos, un memorial en el lugar de las ejecuciones y una fama que llena el pueblo cada octubre.
El campo de batalla de Gettysburg
En tres días de julio de 1863 unos cincuenta mil hombres murieron, quedaron heridos o desaparecieron aquí: la batalla más sangrienta de la historia de Estados Unidos. Los enterramientos fueron apresurados y a muchos muertos no se los llegó a identificar. Desde entonces se llama a Gettysburg el terreno más embrujado del país; los relatos se concentran en Devil's Den y la granja Rose, donde dicen oír órdenes gritadas de noche y ver figuras de uniforme caminando por donde estuvieron las líneas.
El lago Pontchartrain, a las puertas del vudú
El enorme estuario salobre junto a Nueva Orleans, en cuyas orillas se celebraron ritos de vudú durante todo el siglo XIX, sobre todo las reuniones de la víspera de San Juan que dirigía Marie Laveau en el Bayou St. John. Todavía aparecen de noche restos de ofrendas: velas, monedas, huesos. Un puente de casi cuarenta kilómetros cruza el lago, y desde su mitad no se ve ninguna orilla: una sensación que los de allí consideran razón suficiente para no cruzarlo con niebla.
El Triángulo de Bennington
Entre 1945 y 1950 cinco personas desaparecieron sin dejar rastro en los bosques al pie de la montaña Glastenbury: un guía experimentado, una estudiante universitaria, un veterano de guerra, un niño de ocho años y una mujer que viajaba en autobús. Solo se encontró un cuerpo, siete meses después, en un terreno ya batido. La tradición dice que las tribus locales tenían la montaña por maldita y solo la usaban para enterrar. El propio pueblo de Glastenbury fue disuelto formalmente en 1937 por falta de habitantes.
El Triángulo de Bridgewater
Una franja de unos quinientos kilómetros cuadrados al sur de Boston, centrada en la ciénaga de Hockomock — en wampanoag, «el lugar donde habitan los espíritus». Aquí se acumulan todas las historias a la vez: luces en el cielo, avistamientos de Bigfoot, pájaros gigantes, ganado sacrificado en ritual, desapariciones. El criptozoólogo Loren Coleman las agrupó bajo un solo nombre en los setenta, y desde entonces el triángulo funciona como una única anomalía, aunque a los relatos no los une más que la geografía.
Los vórtices de Sedona
Un pueblo entre las rocas rojas de Arizona al que la gente acude desde los ochenta por sus «vórtices»: puntos donde los visitantes sostienen que aflora la energía de la tierra, sentida como hormigueo, mareo o una lucidez inusual. Los aparatos no encuentran ninguna anomalía magnética ni eléctrica en ninguno de ellos. Sedona vive de eso igualmente: cada año vienen miles a por la sensación, y la mayoría dice haberla tenido.
Las montañas Superstition
La sierra al este de Phoenix, envuelta en la leyenda de la Mina del Holandés Perdido: una veta de oro que el alemán Jacob Waltz habría encontrado en los años setenta del XIX y se llevó a la tumba. Desde entonces han muerto o desaparecido aquí decenas de buscadores, varios hallados decapitados. Los apaches tienen estas montañas por una entrada al inframundo y advertían de no perturbarlas, advertencia que los buscadores de oro han ignorado por tradición.
El zumbido de Taos
Desde principios de los noventa una parte de los vecinos de este pueblo oye un zumbido grave y constante que los demás no perciben en absoluto. En 1993, presionado por las quejas, el Congreso encargó un estudio a Sandia y Los Álamos; los aparatos instalados en casas de quienes lo oían no registraron nada que encajara con las descripciones. Lo describen como un motor diésel lejano, impide dormir y no hay forma de aislarse: los tapones no sirven.
El Redondel del Diablo
Un círculo de unos doce metros en los bosques de Carolina del Norte donde casi nada crece. La tradición local dice que el diablo lo recorre de noche mientras piensa cómo arruinar a la humanidad, y de tanto pasearlo deja el suelo pelado. Se cuenta que los objetos que se dejan dentro amanecen fuera. El análisis del suelo encontró mucha sal, probablemente natural — pero la historia es más fácil de comprobar que de creer, y la gente sigue acampando aquí para intentarlo.
Las luces de Marfa
Al este de este pueblo del oeste de Texas se observan luces desde 1883: esferas del tamaño de un balón que quedan suspendidas sobre el desierto, se dividen, se juntan y se apagan. El vaquero Robert Ellison dejó la primera anotación, tomándolas por hogueras apaches. En 2004 unos físicos universitarios demostraron que buena parte son faros de la carretera 67 refractados por capas de aire caliente. Buena parte, no todas — y eso no explica los avistamientos anteriores al automóvil.
Roswell
El 8 de julio de 1947 la base aérea del ejército en Roswell emitió una nota de prensa diciendo que había recuperado un «disco volante». Horas después retiró el comunicado y llamó globo meteorológico a los restos. Se habría olvidado si a finales de los setenta algunos participantes no hubieran empezado a contarlo de otro modo; en los noventa Roswell ya era sinónimo de encubrimiento. En 1994 las fuerzas aéreas admitieron que el globo no era meteorológico sino parte del Proyecto Mogul, que escuchaba las pruebas nucleares soviéticas: una verdad con cuarenta y siete años de retraso, que a esas alturas no convenció a nadie.
El lago Iliamna y sus monstruos
El mayor lago de Alaska, donde los pilotos de avioneta describen desde los años cuarenta cuerpos oscuros de más de diez metros moviéndose bajo la superficie. Los dena'ina los conocían mucho antes y advertían de no salir solo al agua. A diferencia de la mayoría de monstruos lacustres, este tiene una explicación plausible — belugas o esturiones gigantes que suben desde el mar —, pero nunca se ha sacado un ejemplar.
Whitehall, hogar oficial de Bigfoot
En agosto de 1976 varios adolescentes y dos policías describieron por separado una figura de más de dos metros cerca de este pueblo lindante con Vermont: cubierta de pelo, de ojos rojos y con un grito que uno de los agentes definió como «una mujer chillando mezclada con un cerdo». El ayuntamiento aprobó después una ordenanza que prohíbe hacer daño a Bigfoot dentro del término municipal: jurídicamente inútil, y buena medida de lo en serio que se lo toman aquí.
Louisiana, Misuri: el verano de Momo
En el verano de 1972 este pueblo del Misisipi pasó por un pánico de verdad: unos niños dijeron haber visto en el linde del bosque una figura negra y peluda de más de metro ochenta sosteniendo un perro muerto, y el hedor era tal que la madre de uno de ellos lo olió desde dentro de casa. En una semana entraron avisos suficientes para que el sheriff organizara batidas, y la prensa bautizó a aquello Momo, por Missouri Monster.
Loveland and the Frogman
The Loveland Frog is a bipedal amphibious or reptilian creature with webbed digits, inhabiting the area around the city of Loveland, Ohio. It first appeared at 3:30 a.m. in May 1955. A businessman was driving along a rural road near the Little Miami River in Clermont County, close to Loveland, when he spotted three bipedal, wrinkled creatures under a bridge. They had webbed hands and feet, as well as no teeth. One of the frogs held up a stick that emitted sparks and gave off the scent of alfalfa and almonds. On August 25 of that same year, Mrs. Darwin Johnson and Mrs. Chris Lamble were swimming in the Ohio River near Evansville, Indiana. Suddenly, Darwin Johnson began drowning and struggling for breath after a scaly hand grabbed her underwater and pulled her toward the bottom. When Chris Lamble swam closer, the mysterious attacker retreated, allowing Darwin Johnson to escape. Since the Ohio River flows through Pennsylvania, Ohio, West Virginia, Kentucky, and Illinois, it stands to reason that the frogs could reach any of these states. In March 1972, police officer Ray Shockey was driving along East Kemper Road when he noticed a four-foot-tall, bipedal, leathery creature with a head and face like a frog or lizard. The creature leaped over the railroad tracks and apparently jumped into the Little Miami River. Scratches were found on the guardrails, though this is hardly proof of the Loveland Frog's existence, as a human would have left identical marks. Two weeks later, Officer Mark Matthews saw a similar frog on the road—four feet long, not counting its tail (which, notably, none of the other reported frogs had). The tailed body was lying on the road as if lifeless, but then stood up, crouched, and moved toward the guardrail. The officer fired a shot, but rather than killing the four-foot amphibian, he merely frightened it away. In 2016, Sam Jacobs was playing Pokémon GO behind the Beth Adam synagogue on Loveland-Madeira Road when he saw a large frog in the nearby river. Jacobs stated he wasn't sure if it was a frogman or just an extraordinarily large frog, but it walked out of the water on its hind legs. He added that he understood how crazy it sounded, but swore to its truth on his grandmother's grave.
Honey Island Swamp and Its Monster
Standing over 7.5 feet tall and weighing between 400-500+ pounds, the Honey Island Swamp Monster — also known as the Louisiana Wookie — is said to be covered in a thick coat of matted gray or brown hair and swamp weed. Its yellow eyes are seemingly reptilian, and the smell it emits has been called the stench of death. This primitive creature has long been blamed for the deaths of livestock and the mysterious disappearances of children in adjacent areas. Popular lore in the region is that the Honey Island Swamp Monster might be the horrifying product of a union between a chimpanzee and an alligator. And in the darkly primordial swamplands that must look much the same now as they did thousands of years ago, the existence of almost any creature seems possible — no matter how ominous. One of the strangest legends surrounding the Honey Island Swamp Monster revolves around a train wreck which allegedly occurred near the Pearl River in the early part of the 20th century. According to this legend, the train was full of exotic animals from a traveling circus, which fled into the swamps after the train derailed. While most of the creatures would soon perish in the harsh swamp land, the legend goes on to tell us that a troop of chimpanzees managed to survive and even went as far as to interbreed with alligators. The result was a strange colony of reptilian like mammals. However, this is impossible, because monkeys and alligators cannot interbreed. The Honey Island Swamp Monster is alleged to have a foul stench like other cryptids specifically in the Hairy Hominids category (Bigfoot, Skunk ape, Missouri monster, etc.), possibly due to the marsh's natural smell.
Lake Worth y el Hombre Cabra
En el verano de 1969 varios grupos que estaban junto al lago a las afueras de Fort Worth contaron, en una misma noche, que una criatura blanca y peluda cubierta de escamas saltó desde un barranco sobre sus coches y lanzó un neumático a unos quince metros. El Fort Worth Star-Telegram lo llevó a portada y cientos de personas acudieron al lago con armas. Parte de aquellos avisos se atribuyó después a una broma de estudiantes. No todos.
El lago Champlain y Champ
El lago entre Vermont, Nueva York y Quebec, donde una criatura llamada Champ aparece en los relatos desde el siglo XIX y, según la tradición, desde tiempos iroqueses. La prueba más conocida es la fotografía de Sandra Mansi de 1977 — un cuello oscuro y curvo sobre el agua — que los peritos no pudieron ni confirmar ni declarar falsa. Ambos estados han prohibido formalmente hacer daño a Champ: un caso raro de críptido que llega a la ley.
Los Pine Barrens y el Diablo de Jersey
Millón y medio de acres de pinar sobre arena, donde pervive una leyenda de trescientos años sobre el decimotercer hijo de Mother Leeds. En 1735, cuenta la historia, ella dijo de mal humor que aquel hijo bien podía ser el diablo — y el recién nacido se transformó en una cosa alada con pezuñas y cabeza de caballo, salió por la chimenea y desde entonces vive aquí. En enero de 1909 se le denunció por todo el estado durante una semana entera: cerraron escuelas y aparecieron huellas en la nieve de los tejados.
Bray Road y el hombre lobo de Wisconsin
En una carretera rural a las afueras de Elkhorn los conductores llevan denunciando lo mismo desde finales de los ochenta: una criatura grande cubierta de pelo, de pie o corriendo a dos patas, con hocico de perro. Un periódico local reunió los testimonios en 1991 y la Bestia de Bray Road saltó a todo el país. Lo que la aparta del relato habitual de Bigfoot es la cara: los testigos insisten en que es de lobo y no de simio, y se mantienen en ello aunque se rían de ellos.
Bluff Creek, donde se rodó la película de Patterson
El 20 de octubre de 1967 Roger Patterson y Bob Gimlin filmaron aquí cincuenta y nueve segundos en los que una figura grande y peluda cruza un banco de grava y mira atrás por encima del hombro. Ese fotograma es la imagen de Bigfoot más reconocida que existe, y la discusión no se ha cerrado en medio siglo: unos analizan la marcha y la ven imposible para una persona, otros buscan las costuras de un disfraz. El sitio en sí es un arroyo cualquiera en los bosques remotos del norte de California, y la gente sigue viniendo con cámaras.
Fouke and the Boggy Creek Monster
In the area of Fouke, Arkansas in Miller County, southeast of Texarkana, allegedly lives the Boggy Creek Monster. In these sparsely populated, forested hills of the Ozarks, the Boggy Creek Monster, also referred to as the Fouke Monster, has been a legend of the area since the 1840s. This Bigfoot-like creature is said to be about seven feet tall, walks upright, has a smelly, animal-like odor, and is covered with hair. The Arkansas version of Sasquatch or Bigfoot, this hairy beast has a reputation for killing chickens, livestock, and dogs in the area, though has never been known to harm humans. In the late 1860s, the beast allegedly harassed two families living outside Fouke and the legend quickly spread. In 1973, the tale of the Boggy Creek Monster was made into an extremely poor low budget movie called The Legend of Boggy Creek. In 1997, there were more than 40 sightings of the Boggy Creek creature and in 1998, reports said that the hairy beast was seen walking along a dry creek bed about five miles south of town. Whether a legend or reality, the town of Fouke once capitalized on the legend, with signs throughout the town and a gift shop near Boggy Creek that provided Monster souvenirs. Today, Monster Mart continues to cater to tourists with souvenirs. We really had to search for the creek, which we finally found south of town, marked only by a small plaque on the bridge. Boggy Creek Bridge, Arkansas Boggy Creek Bridge, Arkansas, by Kathy Alexander. The Fouke Monster was allegedly last seen near the junction of the Sulphur and Red Rivers.
Flatwoods y el monstruo del condado de Braxton
El 12 de septiembre de 1952 tres chicos vieron bajar algo luminoso en la colina de detrás de la granja Fisher. Al subir con la madre de uno de ellos y unos vecinos, el grupo distinguió a la luz de una linterna una figura de unos tres metros: un cuerpo oscuro plisado como una falda y una cara roja con forma de as de picas, iluminada por dentro. Olía, dijeron, a metal y a quemado, y por la mañana media expedición estaba vomitando. Las fuerzas aéreas lo achacaron a un meteoro y a un búho. Los del pueblo nunca lo aceptaron.
Point Pleasant, casa del Hombre Polilla
Entre noviembre de 1966 y diciembre de 1967, en este pueblo de la confluencia del Ohio y el Kanawha se denunció una figura alada de unos dos metros con los ojos rojos encendidos: decenas de avistamientos. El primero vino de dos parejas que pasaban de noche junto a una fábrica de explosivos abandonada: aquello, dijeron, siguió el ritmo de su coche a ciento sesenta por hora. Los avistamientos cesaron el 15 de diciembre de 1967, cuando se derrumbó el Silver Bridge y murieron cuarenta y seis personas: una coincidencia que ató para siempre al Hombre Polilla con el presagio. En el centro hay una estatua suya de acero.
Monte Shasta
Un volcán del norte de California rodeado quizá por la maraña de leyendas esotéricas más densa de América: desde Telos, una ciudad lemuriana subterránea, hasta los avistamientos de objetos luminosos sobre la cumbre.
Torre del Diablo
Una columna de magma solidificado de 260 metros en Wyoming, primer monumento nacional de Estados Unidos. En la tradición lakota y kiowa sus estrías son los zarpazos de un oso gigante; en el cine se la conoce por Encuentros en la tercera fase.
El hotel Stanley
Un hotel en las Rocosas de Colorado donde Stephen King pasó una noche en la habitación 217 y concibió El resplandor. Empleados y huéspedes llevan décadas contando notas de piano y pasos de niños en pasillos vacíos.
La plantación Myrtles
Una hacienda de Luisiana anunciada como una de las casas más embrujadas de Estados Unidos. Su relato más conocido es el de Chloe, una mujer esclavizada con turbante verde: no está documentado, pero lleva bastante más de un siglo sin apagarse.
Racetrack Playa
Un lecho de lago seco en el Valle de la Muerte donde las piedras se mueven solas y dejan largos surcos detrás. El enigma no se resolvió hasta 2014: finas láminas de hielo empujan las rocas con un viento suave.
Vórtice de Oregón
Una ladera de Oregón con una cabaña inclinada donde las bolas parecen rodar cuesta arriba y la estatura de una persona cambia según dónde se ponga. Una «casa del misterio» clásica: el efecto nace de los planos en pendiente y de la falta de un horizonte verdadero.
Área 51
Un campo de pruebas cerrado de la Fuerza Aérea estadounidense en el desierto de Nevada que oficialmente no existió durante décadas. Los ensayos de aviones secretos y el secretismo absoluto lo convirtieron en el centro de la mitología ovni mundial.
Penitenciaría del Estado del Este
Una cárcel de Filadelfia que estrenó en el siglo XIX el aislamiento absoluto. Cerrada en 1971 y dejada en ruinas, sus galerías abovedadas figuran entre los sitios con más fama de embrujados de Estados Unidos.
Centralia
Un pueblo de Pensilvania bajo el que arde una veta de carbón desde 1962. Se realojó a los vecinos, las carreteras se abrieron en grietas y de ellas sale humo desde hace décadas: el fuego podría arder siglos más.
Bodie
Un pueblo californiano de la fiebre del oro que llegó a rozar los 10 000 habitantes y quedó vacío a principios del siglo XX. Se mantiene en «decadencia detenida»: las casas conservan aún las pertenencias que sus dueños dejaron atrás.
Skinwalker Ranch
Un rancho de Utah conocido por décadas de avistamientos de ovnis, fenómenos sin explicación y muertes misteriosas de ganado. Debe su nombre al skin-walker del folclore navajo.
Casa Winchester
Una mansión victoriana enorme en California, ampliada sin descanso durante décadas por la convicción de su dueña, Sarah Winchester, de que las obras mantenían a raya a los espíritus de quienes murieron por los rifles Winchester. Hay escaleras que llevan al techo y puertas que se abren a un muro.